Ilan Wolff. Realidad o Ficción


La fotografía muestra la realidad. La pintura, la ficción. La fotografía nos enseña el espejo de nuestros ojos, retándonos a creer que lo que vemos es verdad. Con la pintura el medio imita las formas que tiene delante, invitando al observador a sumergirse en un mundo subjetivo donde las leyes no tienen cabida. Caos y orden bajo el mando del pintor. Pero, qué ocurriría si dos realidades completamente distantes encontrasen un punto en común. Al igual que dos paralelas se unen en un punto determinado, la pintura y la fotografía tienen su encuentro en la obra de Ilan Wolff.


Este fotógrafo empezó como cualquier otro fotógrafo. Con una cámara en mano. Sin embargo su trayectoria cambió de manera drástica cuando conoció la cámara estenopeica o camera obscura. Todo lo aprendido lo redujo a la forma más básica de fotografiar. Un recipiente oscuro, un agujero y un papel fotográfico. Parece limitado, sin embargo Ilan Wolff ha sabido exprimir esta técnica tan precaria hasta el punto de acercarla a las nuevas tecnologías fotográficas.

Pintura y fotografía, este artista contempla la realidad como un lienzo donde su imaginación no tiene límites. Juega con los químicos como si fuesen óleos, olvidando las bases fundamentales de la fotografía más estricta. Al igual que Man Ray experimentó con sus fotografías para crear solarizaciones o fotogramas, Ilan Wolff ha vuelto a los inicios de la fotografía para contemplarla como un nuevo arte. No necesita ni ampliadoras ni cronómetros. La propia experiencia y el constante trabajo han conseguido que pueda manejar la realidad a su antojo, mezclando rastros de revelador con partes anteriormente fijadas, causando así escenas desconcertantes donde el espectador se encuentra con edificios tan emblemáticos como la Torre Eiffel en ángulos imposibles. Su magia convierte el puerto de Almería en un cuadro futurista.

La exposición de Granada puede que tuviese pocas muestras de su arte, sin embargo nada más entrar en la sala la fuerza de las escenas que retrata inunda el lugar sin dejar un espacio libre para la mediocridad. Monumentos famosos, edificios anónimos, todas las tomas son tratadas con mucho cuidado, donde sin advertirlo aparece su imagen en la plaza de la Bastilla en París. O el museo Guggenheim de Nueva York, en un principio redondo, se deforma hasta parecer una maqueta constructivista. El misterio de la cámara estenopeica golpea en las cabezas de todos los espectadores que se preguntan, cómo es posible.

Por ello esta técnica siempre seguirá vigente, pues nos desafía a entender que la fotografía no siempre es lo que el ojo ve. También puede llegar a ser lo que la mente cree ver.

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