
YOUniverse
Arte, tecnología. Se han convertido en inseparables. Era de esperar. El progreso no deja a nadie de lado. Seguirán los fotógrafos revelando en blanco y negro. O los pintores pintando en lienzo. Sin embargo no podemos negar que el progreso tecnológico también trae consigo nuevas formas de expresión. Muchos critican la idea de que se pierde la esencia de las técnicas tradicionales como el óleo o el barro. Sin embargo el artista busca el medio más eficaz y el que mejor le ayude a plasmar sus ideas. Cuanto mayor sea el abanico de técnicas, más posibilidades le ofrece al artista y para tener éxito.
Otro factos es la capacidad de asombro del espectador. Hoy en día es cada vez más difícil asombrar e inquietar al público. El arte se ha convertido en algo que nos rodea. No existe un público en concreto. Los museos se han convertido en reclamos turísticos, y esto ha acercado cada vez más al público general. Por ello los cuadros son algo común. Por ello esta exposición contiene una gran dosis de originalidad. Sabe que es importante dejar una huella en el espectador. Por ello recurre a las nuevas tecnologías. A nuevas formas que el espectador ni se podría imaginar. Lo importante es que el público se olvide de que lo que está observando son una serie de códigos introducidos en un ordenador y simplemente se rinda ante la belleza visual.
Es el caso de T_Visionarium. Aquí el arte y la tecnología se funden a favor del espectador. Simplemente hay que disfrutarlo puesto que no tiene otro fin. El público interactua con la obra, dándole vida a la vez que sorprende. El montaje es espectacular y deja a quien lo visita totalmente fascinado. Se olvida por completo que está dentro del palacio de Carlos V.
Todas las nuevas instalaciones tienen ese reclamo. Para ello hasta el más mínimo detalle está controlado. Dentro de la exposición la luz tiene que tener distintas intensidades, dependiendo de la obra. El artista también tiene en cuenta el lugar donde se va a exponer y lo incluye como factor a la hora de crear su obra.
La conclusión a la que llegamos es que aunque se utilicen complejos mecanismos o materiales inimaginables, el mensaje siempre debe ser claro. Ya sean pinturas o libros flotando en una pecera, toda obra de arte esconde un mensaje, una historia. Son extensiones del artista. Pequeñas pistas hacia un mundo infinito. Por ello no siempre se tiene que valorar el material del que están hechos, si no analizar la intención y reflexionar sobre el mensaje. Toda obra de arte lleva una intención. Por ello debemos ser como detectives en busca del pequeño guiño que nos hace el artista. El futuro y la tecnología avanzan a grandes pasos. Sin embargo el corazón del ser humano sigue latiendo al mismo ritmo de hace mil años.

Ilan Wolff. Realidad o Ficción
La fotografía muestra la realidad. La pintura, la ficción. La fotografía nos enseña el espejo de nuestros ojos, retándonos a creer que lo que vemos es verdad. Con la pintura el medio imita las formas que tiene delante, invitando al observador a sumergirse en un mundo subjetivo donde las leyes no tienen cabida. Caos y orden bajo el mando del pintor. Pero, qué ocurriría si dos realidades completamente distantes encontrasen un punto en común. Al igual que dos paralelas se unen en un punto determinado, la pintura y la fotografía tienen su encuentro en la obra de Ilan Wolff.
Este fotógrafo empezó como cualquier otro fotógrafo. Con una cámara en mano. Sin embargo su trayectoria cambió de manera drástica cuando conoció la cámara estenopeica o camera obscura. Todo lo aprendido lo redujo a la forma más básica de fotografiar. Un recipiente oscuro, un agujero y un papel fotográfico. Parece limitado, sin embargo Ilan Wolff ha sabido exprimir esta técnica tan precaria hasta el punto de acercarla a las nuevas tecnologías fotográficas.
Pintura y fotografía, este artista contempla la realidad como un lienzo donde su imaginación no tiene límites. Juega con los químicos como si fuesen óleos, olvidando las bases fundamentales de la fotografía más estricta. Al igual que Man Ray experimentó con sus fotografías para crear solarizaciones o fotogramas, Ilan Wolff ha vuelto a los inicios de la fotografía para contemplarla como un nuevo arte. No necesita ni ampliadoras ni cronómetros. La propia experiencia y el constante trabajo han conseguido que pueda manejar la realidad a su antojo, mezclando rastros de revelador con partes anteriormente fijadas, causando así escenas desconcertantes donde el espectador se encuentra con edificios tan emblemáticos como la Torre Eiffel en ángulos imposibles. Su magia convierte el puerto de Almería en un cuadro futurista.
La exposición de Granada puede que tuviese pocas muestras de su arte, sin embargo nada más entrar en la sala la fuerza de las escenas que retrata inunda el lugar sin dejar un espacio libre para la mediocridad. Monumentos famosos, edificios anónimos, todas las tomas son tratadas con mucho cuidado, donde sin advertirlo aparece su imagen en la plaza de la Bastilla en París. O el museo Guggenheim de Nueva York, en un principio redondo, se deforma hasta parecer una maqueta constructivista. El misterio de la cámara estenopeica golpea en las cabezas de todos los espectadores que se preguntan, cómo es posible.
Por ello esta técnica siempre seguirá vigente, pues nos desafía a entender que la fotografía no siempre es lo que el ojo ve. También puede llegar a ser lo que la mente cree ver.

José Guerrero . Los Años Primeros
Esta exposición es un claro ejemplo gráfico de la búsqueda insaciable del artista. Su evolución artística y personal van de la mano a lo largo del camino. Es innegable que el artista madura a la vez que su obra. Son uno mismo. Sus pinturas se convierten en una extensión de sí mismo. Hablan por él, se expresan y cobran vida propia una vez terminadas. Sus primeros cuadros nos narran los inicios de José Guerrero; cuadros de paisajes, del agua, la zona que le rodea. Nos muestran la chispa de la inquietud de éste artista. Cada persona tiene la imperiosa necesidad de contar lo que ve y describirlo tal y como lo siente. Unos eligen el lenguaje, otros la pintura, o el cine. José Guerrero decidió pintar para compartir su sensibilidad con el resto de la gente
Gracias a esta exposición podemos profundizar en la evolución de este artista granadino. Desde sus inicios hasta sus conclusiones más abstractas. Muy pocas veces una retrospectiva muestra de una manera tan precisa el cambio y la trayectoria de un pintor. Sus inquietudes, sus manías. Todo se ve reflejado en sus cuadros, que se convierten en la voz del artista.
Mirando las retrospectivas de los artistas, un alumno consigue entender el gran camino que ha empezado a emprender, cuando decidió dar su vida por el arte.